domingo, 29 de junio de 2014

RAMADÁN

Es el cuarto de los cinco pilares o principios fundamentales de la religión de Mahoma:  profesión de fe, oración, limosna, ayuno y peregrinación a La Meca. A los tres primeros nadie le pondría objeciones, pero el cuarto y quinto son singulares del Islam, aunque en el cristianismo hay un esbozo del cuarto relativo a la abstinencia y el ayuno, que deberá practicarse sobre todo en la Cuaresma y que ha quedado desfasado en su letra, ya que la carne, de la que habría que abstenerse algunos días, no es hoy el manjar más exquisito cuya privación suponga cierta penitencia. Podemos comer mariscos o deliciosos pescados que nada tienen que envidiar en suculencia a la carne, por no hablar del caviar, las angulas y otras delicatessen. Pero todos entendemos que donde se dice carne se quiere decir cualquier manjar selecto. En cuanto al ayuno cristiano, basta con hacer una sola comida al día el miércoles de ceniza y el viernes santo, si bien se puede tomar una ligera colación al desayuno y a la cena. Fácil penitencia, sin duda, casi simbólica. El Ramadán es más duro, pues exige, sin ningún tipo de contemplaciones, el ayuno durante un mes, el de Julio en la práctica, incluyendo hasta el beber agua o tener relaciones sexuales, aunque también tiene su trampa, pues la penitencia  se extiende desde la salida del sol hasta su puesta, pudiendo hartarse el fiel durante la noche de los más exquisitos manjares y placeres. Y de hecho así lo hacen, ya que es un mes de deleites sensuales, semejante a las fiestas navideñas de los cristianos. No es de extrañar pues que el Ramadán se aborde con alegría intensa y no con la humildad que conlleva el sacrificio. En realidad es una mezcla de austeridad y placer, una combinación perfecta para un epicúreo: el placer es mayor después de su carencia. Aunque el musulmán vive ambos aspectos religiosamente, como penitencia y recompensa. Y es que la religión musulmana es sensual, no se puede negar, lo mismo que su paraíso, repleto de bellas huríes y placeres de los sentidos. Tampoco hay que olvidar que el espíritu del ayuno diurno consiste en conseguir  un estado de conciencia desprendida de lo material que ayude al fiel a encontrar la presencia divina, aunque a la puesta del sol la abandone por los placeres materiales.

El Islam es una religión atrapada en la edad media, lo mismo que el cristianismo a pesar de los concilios renovadores, y que prospera, con mucho éxito, en pueblos en ese estado cultural atrasado. Sin embargo, no se diferencia del cristianismo en la fe sino en la práctica y sobre todo en considerar a Jesús como un profeta similar a Mahoma. Es más radical al considerar la unicidad de Dios sin separación en personas divinas ( Ah, el incomprensible misterio de la Trinidad que establece la divinidad de Jesucristo).

En la actualidad hay 2.200 millones de cristianos (entre católicos, protestantes y ortodoxos), 1.600 millones de musulmanes y 1.100 millones de personas sin filiación religiosa, además de otros grupos menores correspondientes a diversa religiones. Sobre una población total que ya supera los 7.000 millones, las personas con alguna filiación religiosa suponen el 84 % de la población mundial, y los creyentes en el Dios de las religiones reveladas o "del libro" (cristianos, musulmanes y judíos), alcanzan el 60 %. Nuestro Dios goza de buena salud todavía, y los musulmanes lo celebran con devoción y entusiasmo en el Ramadán.

lunes, 16 de junio de 2014

PROSTITUCIÓN Y PIB

Nuestro PIB anda necesitando un buen empujón que nos levante la moral económica y también la de nuestros inversores extranjeros, y se va a recurrir a incorporar a él determinadas actividades de la economía sumergida, que no por ilegales son reales y palpables como la vida misma. Entiéndase así el comercio de la prostitución y de las drogas. Y surge, como es evidente, el problema ético que consiste en oficializar para bien una actividad ilegal. Se la persigue por un lado y por otro se la incorpora a nuestra economía como una fuente de bienes que mejoran nuestros balances y nuestra imagen económica en el exterior. Y lo peor es que no es sólo cosa nuestra, sino que corresponde a una directiva europea. Si realmente estas actividades resultan beneficiosas para la economía, no habría que perseguirlas sino incluso legalizarlas y fomentarlas. Claro que esto no haría más que seguir poniendo en evidencia que los valores primordiales de nuestras sociedades no son los éticos sino los económicos. Es el mismo caso que el tabaco, que se anuncia como mortal en las cajetillas pero se sigue vendiendo debido a los impuestos que genera. Perro mundo de las contradicciones.

No va a ser fácil computar  (nunca mejor dicho) los ingresos de la prostitución o de las drogas, que habrá que estimar de manera aproximada, muy aproximada. Y luego alardearán los gobiernos de haber subido el PIB una o dos décimas debido a sus políticas económicas, cuando la manipulación de un índice tan chapucero y con tantas lagunas como el PIB se presta a estas subidas poco ciertas. Ahí está por ejemplo la estimación de la economía “legal” pero sumergida, no declarada ni generadora de impuestos, que por fuerza se hace a ojo y se incluye en el PIB. Y qué decir de los productos y servicios que no se venden y por tanto no se evalúan, como el trabajo doméstico, los servicios que presta el voluntariado, la producción para el consumo propio en el medio rural, etc. ¿Por qué no incorporarlos también de manera estimada al PIB, antes incluso que la prostitución y las drogas?

El PIB, dudoso índice que en adelante podría significar también “Prostitución Ilegal Beneficiosa” y que nos abre las puertas de las agencias de calificación mundiales. Sin un buen PIB no hay nada que hacer hoy en el mundo de la economía, o sea, en el mundo

 

martes, 3 de junio de 2014

EL REY

¿De qué se puede hablar de más actualidad que del Rey? Del viejo y del joven, que en este momento están en trance de transmigración y no sabe uno ya a cual referirse, pues hace meses que están en ello a puerta cerrada. El proceso ha sido estudiado cuidadosamente y a poco que uno analice los indicios de la operación se dará cuenta de que ha sido bien planeada. Un relativamente escueto comunicado de abdicación, como restándole importancia, ha oficializado la cesión de la corona. Podría haber hecho el Rey padre un emotivo análisis de su reinado, señalando los momentos clave, los éxitos conseguidos, los problemas afrontados, etc., pero se ha limitado a comunicar con brevedad su decisión de abdicación. Es una manera adecuada de no levantar demasiado alboroto, tal y como están las cosas, y que la transferencia se haga rápido y “callando, callando”. Y no obstante, ya se han llenado las plazas de algunas ciudades clamando por la República. No se puede ignorar que la reciente monarquía es de herencia franquista, a pesar que Franco era un militar republicano que al final se sublevó. No le debieron quedar ganas al “Caudillo” de promover una tercera República al final de sus días, en lugar de la antigua monarquía borbónica, pues las heridas republicanas de la guerra civil no se habían cerrado todavía. Incluso ahora siguen abiertas en muchos, o mejor, han sido reabiertas por la acción de algunos y la omisión de otros.

El caso es que se avecina una nueva etapa en la que habrá que afrontar el acoso de las tendencias separatistas periféricas, tejer una reforma de la Constitución que impida la disolución del país y hacer frente a la crisis generalizada de las instituciones, motivada por la corrupción, el descrédito de la clase política y su desconexión de los ciudadanos. Ha sido sintomático el éxito logrado en las elecciones europeas por el partido “Podemos”, heredero del movimiento del 15-M, que a pesar de sus propuestas utópicas, ha calado profundamente en una parte sustancial de la población. También ha ayudado, cómo no decirlo, el carisma personal de su dirigente, Pablo Iglesias, que parece ya predestinado por nombre desde la pila bautismal (si hizo uso de ella) para liderar una izquierda capaz de generar ilusión.

El problema es que la tarea a realizar es ya demasiada para el viejo Rey, que probablemente anhela no manchar su reinado con un final desastroso que acabe tumbando definitivamente la monarquía española. Y le ha soltado el marrón a su sucesor, ya entradito en primaveras y que probablemente estará deseando coger las riendas del casi simbólico poder para intentar salvar al país, y a la monarquía, de la amenaza del inmediato futuro. El momento es el oportuno, ya que está cerca la batalla política separatista catalana definitiva y hay que dejar al sucesor en su puesto antes del verano para que vaya trabajando, a la vez que el veterano Rey se va a disfrutar de unas merecidas vacaciones. Hay un paralelismo claro con la renuncia del Papa, abrumado y sin las fuerzas suficientes para luchar contra la corrupción vaticana y los escándalos de la curia. Y eso que el Papa contaba con la ayuda de Dios para resolver sus problemas, así que al Rey, que últimamente está demasiado solo, se le disculpa con mayor motivo. Aunque al final, como a Suarez, se le reconoce el mérito de haber conducido al país a la democracia sin más enfrentamientos civiles.

Váyase pues de vacaciones, Majestad, que en todo caso, como el viejo Papa, seguirá cohabitando con el nuevo Rey y le echará una mano si fuera menester. Y además, ahí está también la nueva Reina, cuyo papel en la sombra está por ver y que, si se le pasa la tontería estética, pudiera dar un buen juego. Será curioso contemplar cómo se van definiendo los perfiles de ambos. Nunca se sabe de antemano cómo evolucionan las personas al cambiar las circunstancias. De momento, el nuevo Rey nos sigue pareciendo el Felipe que hemos conocido desde que era niño, al que le faltaba siempre  medio hervor, aunque ahora use barba entrecana y haya endurecido algo el gesto. Lo que no se le podrá negar es apariencia, lo mismo que a Leticia, y dicen que además buena preparación. Pero le hará falta algo más para lidiar este toro que le ha caído en suerte. Que la tenga buena.

domingo, 25 de mayo de 2014

LA MIRADA DE LA DAMA

Se han vuelto a abrir las nobles puertas del Museo Arqueológico Nacional, después de seis años de trabajos de remodelación y actualización según las técnicas museísticas modernas (ya le hacía falta), y hemos tenido ocasión de encontrarnos de nuevo, cara a cara, con la Dama de Elche, la pieza cumbre de la arqueología íbera.

La mirada de la Dama encierra un enigma, y es lo que atrae la atención con persistencia después de evadirnos de su complejo tocado y la profusión de sus adornos. También Leonardo da Vinci puso un enigma en la mirada de la Gioconda, pero muy distinto, muy mundano, quizás erótico; era, y es, una mirada levemente atrevida e insinuante que nos penetra como si conociera nuestros secretos más íntimos e inconfesables, o como si quisiera hacernos cómplices de los suyos. Nuestra Dama íbera alberga un misterio muy distinto, espiritual, casi de ultratumba. Su rostro parece hallarse a mitad de camino entre la vida y la muerte, sus facciones se muestran casi yertas, inexpresivas, pero no hieráticas sino muy reales. Pequeñas asimetrías en el rostro la hacen creíble, lejos de la perfección y simetría idealizadas de la escultura griega clásica. Sus ojos, ligeramente convergentes, con los párpados un poco caídos, parecen estar mirando a un punto cercano situado delante de ella y abajo, como si estuviera ausente, absorta, contemplando el más allá o el mismo centro de su ser interior. Se ha perdido la pasta vítrea de sus iris, que ahora se muestran vaciados, acentuando esa impresión de muerte, de vacío en la mirada. También se ha perdido su policromía, que sin duda animaría su aspecto. Nuestra otra gran dama ibérica, la de Baza, se manifiesta de manera completamente distinta, viva y mirando de frente hacia los que están delante, los ojos muy abiertos, el gesto humano aunque el perfil es noble y autoritario. Su alma está completamente fuera, mientras que en la de Elche está dentro. Si ponemos los dos bustos frente a frente, parece que la de Elche bajara  respetuosa la mirada ante la de Baza, pero sin embargo, si los ponemos en paralelo, mirándonos, la de Baza parece una reina y la de Elche una diosa. La de Baza es madura, y la de Elche es joven, la primera de rostro amable, la segunda de una rara belleza, indígena y a la vez griega, como si el escultor hubiese adaptado los cánones de la escultura griega a la belleza primitiva, étnica, de una íbera. La de Baza es una mujer noble y poderosa, la de Elche es un fenómeno contenido de la naturaleza. Ambos rostros son muy reales dentro de su solemnidad, retratos auténticos de mujeres de aquella época de nuestros orígenes. Ambas, junto con otra dama encontrada hace poco en Guardamar, hecha pedazos e incompleta, y fea por añadidura, son los únicos representantes de la escultura realista íbera, porque el resto de tallas encontradas, bastante abundantes, son estereotipadas o de pequeño tamaño, representando damas oferentes, guerreros, etc., sin pretensiones naturalistas sino fundamentalmente simbólicas.

La Dama de Elche se salvó de la destrucción iconoclasta  que aconteció en los pueblos íberos en un periodo de cambio socioeconómico durante el siglo V a. de C., con una probable revolución en las estructuras de poder. Se ocultó el busto en una improvisada hornacina de piedras adosada a la muralla de la Alcudia, y así fue encontrada a finales del siglo XIX. Sin duda era demasiado hermosa para permitir que fuera destruida. Ha viajado mucho la misteriosa y bella Dama, codiciada por los franceses y expuesta definitivamente en el Museo Arqueológico Nacional para disfrute de nacionales y extranjeros, concitando miles de visitas diarias.  Aquí la tenemos de nuevo ante nosotros, realidad y símbolo a la vez de la belleza íbera, casi viva, casi muerta, pero palpitando en su verdad.


sábado, 17 de mayo de 2014

SELFIES

Desde que se inventó la fotografía, el fotógrafo, que es por esencia solitario en el ejercicio de su arte, como el escritor, ha sucumbido  a veces a la tentación de hacerse un autorretrato rápido. Debía usar un trípode y enfocar previamente el área donde iba a colocar su rostro. La llegada de las cámaras modernas compactas facilitó mucho la tarea, pues bastaba con alargar el brazo  y disparar apuntándose a uno mismo, aunque en ocasiones el centrado de la imagen no fuera demasiado bueno. Finalmente, la aparición de los smartphones con objetivo adicional frontal ha permitido verse en la pantalla antes de disparar, de manera que la foto puede salir a nuestro gusto y de manera rápida. Es evidente que si el retrato nos lo hace otra persona con una buena cámara, los resultados son mejores ya que puede realizarse a mayor distancia, jugando con la distancia focal, la profundidad de campo y el fondo de la imagen. Pero el autorretrato fotográfico, autofoto, selfie o como quiera llamarse según los caprichos de la moda, que pretende introducir algo nuevo cambiando el nombre a lo que ha existido siempre, es algo personal, improvisado, impulsivo. Su popularidad se ha fraguado al calor de las redes sociales, donde prolifera esa banalidad de asomar el rostro en diversas situaciones para hacer ver a los demás que existimos. Es lo malo de las relaciones virtuales, que si no damos continuas señales de existencia se nos puede creer fuera de juego, desaparecidos en combate. Luego está la simpleza de pretender que con una foto tomada en un momento feliz todo el mundo va a imaginar que llevamos una vida triunfante. Claro, como no nos conocen en persona, el engaño está servido y el selfie se convierte en una imagen falsa de nuestra vida real. También sirve el selfie, todo hay que decirlo, para divertirse uno mismo en ese ejercicio narcisista de poner caritas y hacer muecas, que antiguamente hacían los adolescentes ante el photomatón, cambiando el gesto en cada foto de la tira.

En fin, no da mucho más de sí el fenómeno tontorrón del selfie. Me parece un síntoma  claro de la vida real bastante solitaria que lleva mucha gente y del paliativo superficial que suponen las redes sociales. Son los tiempos que corren. La pregunta del diez es si el selfie no lo estarán promocionando últimamente los fabricantes de smartphones para vender nuevos modelos con cámara frontal de alta resolución.

lunes, 5 de mayo de 2014

NUEVAS TECNOLOGÍAS: LA NUEVA ESCLAVITUD

Es imparable el avance hacia una sociedad interconectada de ámbito global,  propiciado por las llamadas Nuevas Tecnologías o Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC). Pero todo innovación técnica tiene su lado oscuro, es decir, la posibilidad de un mal uso. Eso de pensar que la tecnología es neutra en sí misma, ni mala ni buena, sino que la responsabilidad recae en el uso que se haga de ella, es una ingenuidad de los usuarios o una falacia de las empresas tecnológicas. El caso es que la tecnología es buena y mala a la vez, es decir, que es inevitable que produzca ambos resultados (energía atómica, aviones, etc., etc.). Y las TIC no podían escapar a esta dualidad. 

 Uno de los primeros smartphones en salir al mercado fue el BlackBerry, de la compañía canadiense RIM. Los creadores andaban buscándole un nombre que fuera divertido, fresco, cool (como dicen los americanos) y se les ocurrió utilizar el parecido de su teclado con una mora: pequeño, negro y granado. Y se quedó con BlackBerry. Lo que no sabían, o no se percataron, es que así se llamaban irónicamente las bolas negras de hierro que llevaban sujetas al tobillo, por medio de un grillete, los esclavos negros de los campos algodoneros del Sur de Estados Unidos. Quisieron vender la imagen de una fruta y vendieron la de un grillete. Y para regocijo de la historia, éste empezó a ser muy pronto el uso que se decantó debido a las especiales prestaciones del teléfono smart. Las empresas regalaban la mora a sus ejecutivos de manera que estuviesen en contacto permanente con ellas, prolongando su disponibilidad laboral en todo momento y lugar. Y no valía desconectarse ni fingir que no se recibían los mensajes, porque todo quedaba registrado. Los ejecutivos se convirtieron pronto en los esclavos modernos de las empresas, con su grillete BlackBerry de alta tecnología.

Recientemente, el Smartphone se ha generalizado, adquiriendo un uso lúdico debido a sus inagotables aplicaciones, contenidos multimedia, mensajerías, etc. Pero ha generado una nueva esclavitud, que ahora llamamos adicción ya que es voluntaria, y que obliga también al esclavo a un uso continuo del aparatito. En el entretenido ingenio se acaba delegando toda la actividad mental, de manera que puede decirse que cuanto mayor uso se hace de él, más vacía se tiene la cabeza. Ya no se piensa, ni se relaciona uno en persona, sino que todo se hace a través del teléfono. Basta con tenerlo encendido para que el mundo entre en nuestra cabeza hueca y lo llene de contenidos, banales o no, que lo que importa es sentirse interconectado con una realidad fácil y un grupo social amplio aunque virtual. Se acabó la soledad, el tener que pensar, que trazar planes y hacer proyectos, porque todo nos lo dan hecho; sólo hay que dejarse llevar por las múltiples sugerencias que pululan en el teléfono listo. Ya no es preciso ser listo uno mismo, ni creativo, ni desarrollar habilidades sociales, basta con tener un telefonillo de última generación que nos provea de todas esas cualidades. Y así, es un hecho observable que cuanta mayor pinta de torpe tiene una persona, más se le ve aferrado a su aparato; no hay un segundo de inactividad que no le dedique al mismo, y si lo olvida por un momento, basta con oír el silbidito que le lanza para que se someta inmediatamente a su dominación. Es un acto automático, un “tic” (será por eso de las TIC). Es el silbidito del amo a su perro, cariñoso pero dominante. Ir en el metro o el tren y oír continuamente los silbiditos de los amos a sus mascotas se ha convertido en algo que ya produce náuseas, pero los perritos atienden diligentes las llamadas, sonrientes, felices y agradecidos.

Pero la nueva esclavitud no la generan sólo los smartphones, sino que las tablets y hasta los eternos ordenadores se han llenado de aplicaciones nuevas poco necesarias, de sistemas operativos mejorados (en teoría), de programas cada vez más potentes que nos obligan a una actualización continua de nuestros conocimientos y habilidades. Si a eso le añadimos la permanente guerra contra los virus informáticos que conlleva tanta interconexión y tanta propaganda basura, resulta que nuestro tiempo se consume en atender a las nuevas tecnologías más que en usarlas. Y muchos disfrutan con estas habilidades, con estar a la última en antivirus, en Apps para rizar el rizo, en programas que se usan un par de veces pero que les cuesta semanas aprender a manejar bien. Las TIC se convierten así en un objeto en sí mismas en vez de un medio útil para hacer determinadas cosas. En realidad no habría que quejarse porque quizás siempre ha sido así con todas las novedades, si no fuera porque ahora ya es excesivo el ritmo de innovación, el consumo de tiempo que hay que dedicarle al amo tecnológico. Y no vale quedarse atrás, el querer seguir con la tecnología antigua, porque cualquier cosa que se hacía antes ya no es posible hacerla ahora debido a que el servicio que la permitía está soportado en la nueva tecnología y es incompatible con la antigua. Las empresas fabricantes siguen usando el viejo truco de la obsolescencia programada, que se aplicó inicialmente a la duración de las bombillas (se fundían innecesariamente al cabo de cierto número de horas).

Si, las nuevas tecnologías, además de sus inapreciables funciones,  son también una auténtica condena que se va apoderando de las mentes y volviéndonos cada vez más dependientes, más torpes sin ellas, mas esclavos. El problema se ha debatido mucho, incluso desde sectores médicos, pero el lado oscuro de las nuevas tecnologías sigue pasando desapercibido para una gran parte de la gente, sobre todo para aquellos que están atrapados en su adicción. Por eso nunca estará de más haberle dado otro empujoncito a la crítica.
 
 

domingo, 27 de abril de 2014

LA MARATÓN DE MADRID


Ya con la solera que le otorgan sus treinta y siete años, la maratón de Madrid ha contado con casi treinta mil corredores de los pueblos de España y de los países del mundo. Como podría sospecharse, la ha ganado un keniata y otro ha quedado el segundo –esas liebres africanas son imbatibles–. En categoría femenina, una etíope se ha llevado el galardón, empleando treinta minutos más que los ganadores masculinos, que emplearon poco más de dos horas en recorrer los 42 Km que separaban de Atenas, más o menos, la llanura de Maratón donde hace algo más de 2.500 años tuvo lugar el famoso enfrentamiento contra los persas. Hay diferentes relatos históricos al respecto, pero el olimpismo moderno se ha quedado con el de Plutarco, según el cual, Filípides, un corredor de fondo, recorrió a toda velocidad esa distancia para avisar a los atenienses de la victoria, y al llegar murió extenuado por el esfuerzo. Lo que no sabremos nunca es el tiempo que empleó en la hazaña –no había entonces relojes de pulsera– pero sí sabemos el enorme esfuerzo que exige esta carrera, en la que algunos, a fuerza de voluntad, se obligan más allá de sus posibilidades. Extenuados han llegado algunos participantes, incluso uno ha sufrido un infarto, y otros han llegado sin resuello, con la cabeza de lado y los ojos llenos de espanto. Otros se lo han tomado por el lado festivo, que de todo se puede hacer diversión participando. Ahí estaba algún cachondo de buena talla vestido con traje de sevillana y paso alegre, o un nórdico con elevada cresta rubia de vikingo, sin olvidar a un veterano de musculatura ya flácida y cuerpo completamente tatuado. Había patinadores, que no sé qué pintaban ahí, pero que sin duda se cansaban menos que los corredores, y hasta algún triciclo movido con manivelas. En plan más sufrido, se veían bastantes canosos y algunos ancianos incluso, corredores flacos fibrosos y flacos endebles, entrados en carnes sudorosos y colorados, gorditas de bultos bamboleantes que parecía que se iban a desarmar y lumbálgicos de esos que caminan con el cuerpo en ángulo y que duele verlos correr. Hasta un ciego había, cogido del brazo de un vidente, ambos muy conjuntados en la tarea. Y es que lo importante es participar, poder decir aquello de “yo corrí la Maratón del 2014 en Madrid”. Es lo que cuenta, llegar a la meta, se tarde lo que se tarde, siempre dentro de las seis horas que permanece abierta. Hay sin embargo, como en todos los sitios, algunos tramposos que corren sin dorsal, que se han incorporado a la carrera en cualquier punto, quizás para hacerse la foto o para sentirse participantes en el evento aunque no en el esfuerzo.

Otro fenómeno sumamente curioso es el de los animadores, que jalean con palmas y frases de aliento a los corredores: ¡Venga, campeón, que ya llegas!, ¡Vamos vamos, que sólo quedan 4 Km!, ¡Go go go…! ¡Allez allez, bravó! Los extranjeros se desbordan con los corredores de su país, y si además son familiares o conocidos, dan saltos agitando los brazos y gritando desde que los ven aparecer a lo lejos. Y curioso es sobre todo el fenómeno de los animadores solitarios, generalmente chicas, que parecen establecer  lazos de complicidad y empatía individual con los corredores, y que no cesan de aplaudir y dar ánimos a todos ellos, como si les conocieran personalmente. Da la sensación de que encuentran placentero, desde su condición descansada, el intentar transferir a los fatigados corredores la energía que a ellas les sobra. Y ya que no corren, se identifican con ellos y se cansan gritando y aplaudiendo. 

Dura prueba sin duda, aunque la carrera original, si es que Herodoto no se engaña, la hizo todo el ejército ateniense desde Atenas a Maratón para impedir que los persas, recién desembarcados, se desplegaran y sitiaran Atenas. Y añade, para mayor gloria de Filípides, que en realidad fue enviado a Esparta para pedir ayuda y recorrió sin descanso los 250 Km que la separaban de Atenas. Y no murió desfallecido al llegar. Sin duda los atletas griegos antiguos eran al menos tan duros como los actuales keniatas.