domingo, 20 de abril de 2014

BLOGS


Los blogs empezaron a popularizarse a comienzos  de los años 2000, creciendo rápidamente el número de usuarios que volcaban en ellos artículos o reflexiones sobre temas de su interés personal. No resulta fácil encontrar un nombre castellano equivalente al de blog, ya que “diario” es demasiado íntimo, “dietario”, que sería el más adecuado para recoger sucesos relevantes, y así se ha empleado por algunos escritores, es en realidad muy poco usado y al común de los mortales le suena a planificación de comidas, y “bitácora”, que es el término que habitualmente se emplea, tiene demasiadas resonancias marineras, de diario de a bordo. Así que al final, la Real Academia, como en tantos otros casos de incapacidad para adoptar un nombre castellano, ha optado por la solución fácil, por aceptar el nombre anglosajón popularizado, corto, snob y traído por los pelos de “blog”, que no es otra cosa que b-log, contracción de web-log, donde “log” procede de la jerga informática aludiendo a un registro de eventos. Así pues, blog significa registro de eventos soportado en la web. Como añadidura al mero registro textual, permite incorporar fotos y videos e intercambiar comentarios entre lectores y autor.

Hasta aquí todo bien, o casi, y los comienzos de la andadura de los blogs fueron felices, plenos de visitas y comentarios, pero la popularidad conlleva la masificación y ésta la soledad entre la muchedumbre. La actual selva de los blogs se traga en su maraña los nuevos que se publican y los condena al desconocimiento; es entonces, en el intento de salir a la luz, cuando todo empieza a complicarse y hacerse ingrato. No basta con crear un blog y publicar en él interesantes artículos, sino que hay que abrirse paso en la jungla a golpes de machete para alcanzar algún claro desde donde poder ser vistos. Así aparecen los directorios y buscadores de blogs y las estrategias para aparecer en ellos, como incorporar su publicidad, intercambiar enlaces con otros blogs, elegir astutamente las palabras del título y de los artículos publicados en el propio de manera que al ser atractivas y de moda, a pesar de que no nos resulten demasiado adecuadas, sean detectadas fácilmente por los buscadores; también es preciso escribir comentarios ingeniosos en otros blogs, aunque sus artículos no nos gusten demasiado, para que nos obsequien con un comentario en el nuestro y otros lo vean, etc., etc. Es decir, comienza la ardua tarea de “promocionarse”, de corromperse un poco para sacar adelante a nuestra criatura. Y sobre todo de perder el tiempo, robándoselo a la tarea de escribir. Son los tiempos que corren. 



http://www.boosterblog.es

jueves, 10 de abril de 2014

EL CERDO

Del cerdo se aprovecha todo, siempre se ha dicho. No sólo su carne en todas las partes de su anatomía, como el inigualable pernil puesto en salazón y curado por el tiempo –los franceses lo cuecen y le llaman jambon, que no está mal pero es más  sabroso el lacón gallego– , las jugosas chuletas, la insuperable panceta para acompañar un par de huevos fritos –los ingleses, que son muy escuetos en el comer, la llaman bacon y la sirven en lonchas demasiado finas–, etc., sino que hasta de las orejas y el morro se hacen apetitosos platos, y con las tripas se hacen embutidos. Y no me podría olvidar del manjar por excelencia, el cochinillo asado, el lactante animalito entero haciendo las delicias del paladar. Y luego le llaman de mil maneras despectivas, como guarro, puerco, gorrino y otras lindezas, aunque si esos nombres suenan tan mal es porque el bicho es ciertamente inmundo. Curioso contraste, la suciedad en que vive y se revuelca y la exquisitez de su carne. Pero hay quien dice que también las rosas son más bellas si están bien abonadas, es decir, que la muerte y la vida cuando van juntas dan los mejores frutos.

Pero el caso es que, para mayor gloria del cerdo, los biólogos están trabajando para utilizarlo como fábrica de órganos humanos, que resolvería de una vez por todas la escasez de donaciones de órganos para trasplantes. Y lo que sucede es, aunque suene mal el decirlo, que cerdos y hombres somos bastante parecidos interiormente. La técnica consiste en modificar  genéticamente un embrión de cerdo para que no desarrolle un órgano determinado, por ejemplo el hígado, y después inyectar en el embrión células indiferenciadas humanas, de manera que el hígado desarrollado será genéticamente humano. ¡Un cerdo con hígado humano (qué barbaridad, Creador)! A ese embrión híbrido le llaman “quimérico” aludiendo al animal mitológico que tenía cabeza de león, cuerpo de cabra y cola de serpiente. Y va a resultar que el engendro no es una quimera, es decir, algo imposible, sino que está llamando a las puertas de la realidad.

Naturalmente, a nuestro cerdo quimérico habrá que sacrificarlo cuando sea mayor para extraerle el hígado y trasplantárselo al humano de turno. Bien, como todo es aprovechable en el cerdo, servirá de paso para hacer chorizos y jamones, y que nadie lo sepa no sea que le vayan a entrar escrúpulos, porque esto de la biología es demasiado complejo y a lo peor las células humanas del cerdo han emitido efluvios genéticos en su desarrollo y contaminado, humanizándolas, las células porcinas cercanas, de manera que acabamos cometiendo pecado de antropofagia.

Y lo más curioso es que la cabaña porcina futura va a tener muchas más variedades que las tradicionales de bellota, recebo o serrano. Ahora se hablará de variedades hepáticas, renales, cordiales, etc., etc. Habría que levantarle un monumento al generoso cerdo y, por supuesto, cuando a uno le llamen “cerdo”, habría que contestar que muy honrado.

miércoles, 2 de abril de 2014

LOS EMPRENDIMIENTOS

Que no se diga que los españoles no somos emprendedores e imaginativos en tiempos de máxima crisis. Ayer veía a un joven con buena pinta que vaciaba afanoso uno de esos contenedores del Ayuntamiento destinados a depositar papel. Introducía las manos por el agujero y las sacaba llenas de todo tipo de revistas, diarios, cartones; luego los depositaba en la trasera de su utilitario moderno, que tenía aparcado al lado. Tiempos de crisis, paro juvenil, ganas de buscarse la vida como sea, aunque te paguen algunos céntimos por kilo de trabajo.
Y qué decir de los recicladores de muebles viejos, esos que recogen sillas huérfanas, mesitas cojas, lámparas sin bombilla y demás útiles desterrados de los cómodos domicilios pudientes que niegan a sus antiguos enseres, alguna vez queridos,  la soledad de sus trasteros. Para qué hablar, también, de los negociantes de ropa usada, esos que colocan en algún espacio público caritativos contenedores con nombre de ONG para depositar ropa usada, que luego acaba en el África subsahariana vendida al peso, en enormes bultos cerrados, a espabilados comerciantes de la miseria que se hacen ricos en su país vendiendo por piezas.

Algunos emprendimientos son más serios y alejados de la picaresca, que  pretenden ofrecer, por un módico precio, servicios que resultan caros hoy. Ahí está el alquiler de trajes de novia, incorporado al tradicional alquiler de chaqués o smokings para una sola ceremonia (qué pena de novia sin la ilusión de hacerse su traje inolvidable). Ahí está la secretaria virtual, eficaz y servicial a distancia, vía internet, pero dando imagen de presencia en la oficina para los clientes (lástima que no pueda traernos un cafelito o alegrarnos la mañana con su tipazo). Y así muchos más, que al menos son productivos y rentables para las personas modestas y las pequeñas empresas.

 Pero también hay emprendimientos orientados  a los ricos, que ya se sabe que donde hay miseria hay también una minoritaria abundancia. Ahí están esos negocios devenidos de moda por arte de la sinsustancia cultural y el prurito de los ociosos de rizar el rizo. Tales son los negocios de helados para mascotas, criaderos domésticos de tarántulas, pastelitos de diseño o coaching para niños (por qué co... no les ayudarán sus padres). Lo del coaching es ya una enfermedad, hasta el punto de que algunos snobs sin oficio, pero con beneficio, se atribuyen un hipotético título genérico de coach, sin especificar sobre qué disciplina pretenden entrenar. A lo peor es sobre la propia disciplina del coaching, es decir, son coaches de coaching. Cualquiera sabe.

viernes, 28 de marzo de 2014

VIDA ARTIFICIAL

Siempre se ha dicho que la vida la creó Dios, aunque los materialistas opinan que fue la Madre Naturaleza. Llamémosle H, que a lo mejor ambas cosas son lo mismo o actúan conchapadas, pero lo que sí es cierto es que se requirió un inmenso potencial creador para llevar a cabo la tarea. En el caso de Dios, necesitó siete días para terminar la obra, si bien no sabemos la duración de aquellos días divinos en relación a nuestro tiempo terráqueo. En el caso de la Madre Naturaleza, la buena señora se pasó millones de años dando palos de ciego, mezclando elementos, activando rayos y volcanes, haciendo correr ríos y llenando mares, hasta que un día, de chiripa, apareció una microscópica célula viva, esto es, un corpúsculo de materia capaz de crecer construyéndose a sí mismo a expensas de los elementos del medio y siguiendo un diseño incorporado en su interior: el famoso ADN localizado en los cromosomas; corpúsculo capaz también de dividirse en dos células hijas idénticas que continuaron el proceso de manera indefinida, garantizando la supervivencia de su casta. Pero eran células muy simples, las conocidas bacterias. Luego aparecieron unas células más complejas (eucariotas), cuyo material genético estaba empaquetado dentro de una membrana o núcleo, de funcionalidad reproductora más sofisticada y que darían lugar a los seres pluricelulares y de ahí a toda la evolución de los animales y plantas.


Sirva lo anterior de background, probablemente innecesario, para situar el hecho de que un equipo de científicos de la Universidad de Nueva York acaba de sintetizar en laboratorio un cromosoma eucariótico perteneciente a un hongo, la levadura de cerveza, tan familiar para los científicos y los amantes del dorado líquido. Ya se había conseguido en 2010 sintetizar ADN de una bacteria, pero el hecho de que todos los animales (hombres incluidos) y plantas compartan el mismo tipo de célula compleja o eucariota reviste a este hallazgo actual de una importancia trascendente. El siguiente paso se anuncia como la reconstrucción de los 16 cromosomas de la levadura (los humanos tenemos 23 y compartimos con la levadura un 12% de material genético). Con ello se habría dado el alucinante paso de crear un organismo viviente complejo.
 
Ya hace décadas que se empezó a meter la mano en la estructura de la vida, con gran utilidad práctica y no sin pocas críticas de índole biológica y ética: los alimentos transgénicos, la clonación, las células madres, etc. Pero hasta ahora la cosa se limitaba a modificar la naturaleza o a hacerla reproducirse artificialmente. Ahora se abre el camino para crearla directamente en laboratorio. Y muchos se preguntan, invadidos por el pánico y temiendo la ira de los dioses: ¿Hasta dónde vamos a llegar? Que no teman, el camino de la creación artificial de la vida es demasiado largo y de momento no pasaremos de algunas aplicaciones prácticas interesantes como la fabricación de fármacos, alimentos o biocombustibles. Pero el camino está abierto y uno se plantea cuántos milenios harán falta para llegar donde llegó la Madre Naturaleza por sí misma, dando palos de ciego. Ahora ya no se darán palos de ciego y el camino será más breve y menos azaroso. Y después de todo, si la naturaleza lo hizo a ciegas, ¿por qué no habría de hacerlo el hombre, que es también parte de la naturaleza, y además naturaleza consciente?

 

 

miércoles, 26 de febrero de 2014

LA INVASIÓN DE EUROPA


 Antiguamente, las invasiones de un territorio tenían lugar mediante el empleo de los ejércitos. Si un ejército era más numeroso o mejor armado que el de otro territorio, la invasión tenía lugar y con ella la apropiación de sus recursos. La cultura del invasor podía ser incluso inferior a la del invadido, y entonces se producía una asimilación de la de éste por el conquistador.

Hoy las guerras son más sutiles y los "imperios" actuales no emplean los ejércitos para adueñarse de un país, sino que usan la economía, la publicidad y el comercio para conquistar sigilosamente sus recursos e imponer su cultura superior. Pero las derrotas económicas que experimenta una gran parte de la población mundial están generando  movimientos migratorios importantes, en principio pacíficos aunque en parte clandestinos, que en algunos casos comienzan a mostrar su cara violenta. EEUU conoce la presión migratoria de México y Europa la del África subsahariana. Las puertas de entrada a Europa por Ceuta y Melilla en España, o Lampedusa en Italia, saben el drama de estas migraciones que intentan violar sus fronteras. Es la invasión del hambre y la miseria del tercer mundo que presiona en los muros del mundo desarrollado. Es significativo el aumento reciente de las conductas violentas que están teniendo lugar en las puertas hispano-africanas de Ceuta y Melilla. Los africanos se concentran en campamentos clandestinos cerca de la frontera, donde permanecen durante meses a la espera, planificando asaltos en masa. Y uno se pregunta si alguna vez, por medio de una organización mejor y más amplia en los países de origen, se pudiera movilizar una invasión masiva, una marcha pacífica pero avasalladora que pusiera ante la misma cara de Europa el problema de África. Claro que sería muy difícil organizar algo así, pues habría que atravesar el Sahara e ir haciendo confluir los flujos migratorios de los diferentes países en una corriente única que llegara a Marruecos. La travesía del desierto, única posibilidad migratoria para un gran contingente de personas, precisaría de una intendencia adecuada, comida, tiendas, servicios sanitarios básicos, etc. Derribar las vallas fronterizas no sería mucho problema y el ejército español, lo mismo que el de Marruecos, estaría atado de manos para impedir la invasión sin un elevado número de víctimas mortales. Claro que antes de llegar a tal extremo habrían aumentado enormemente los asaltos a la valla y quizás se habrían tomado algunas medidas a nivel europeo para abordar el problema. Una marcha verde como la que realizó Marruecos para invadir el Sahara español quizás no sería posible hoy día. Y además, si llegaran a las provincias españolas en África algunos cientos de miles de subsaharianos dispuestos a quedarse en Europa, Ceuta y Melilla acabarían convirtiéndose en campos de refugiados, ahora no por causa de las guerras sino por causa de la miseria. Unos 300 millones de subsaharianos sobreviven en sus países con menos de un dólar al día, y cada año unos 500.000 emigran de sus países hacia diferentes puntos, dentro o fuera de África. De momento, la lenta invasión de Europa es a título individual o de pequeños grupos y no existe una organización global ni un líder carismático que dirija una operación a gran escala, pero al menos está latiendo esa amenaza hipotética de la invasión africana.

La solución para evitarlo no es la represión ni las siempre vulnerables fronteras, sino actuar en los países de origen colaborando en su desarrollo. Estamos inmersos en el fenómeno de la globalización económica, que realmente es la globalización del campo de acción de los acumuladores de riqueza, esto es, los poderes económicos que extiendes sus redes por todo el mundo para incrementar sus beneficios, expoliando a los países subdesarrollados y sumiéndoles más y más en la corrupción y la miseria. Tendrá que llegar un momento en que la globalización sea la de la pobreza, es decir, que asumamos la pobreza del mundo y nos propongamos reducirla y eliminarla.

jueves, 20 de febrero de 2014

LITERATURA FABRICADA

El avance en los desarrollos de la inteligencia artificial está propiciando resultados que alcanzan el campo hasta ahora exclusivo de la creatividad humana. Todo comenzó con aquellos programas de juego de ajedrez, que no han cesado de mejorarse y son capaces de ganar a campeones del mundo. Aunque en este caso más que de creatividad se trata de cálculo, de operaciones lógicas y grandes bases de datos. Pero ya se empieza a inmiscuir claramente lo digital en lo específicamente humano con esos programas de creación musical que van apareciendo. Primero se trataba sólo de una ayuda a la composición, facilitando enormemente la tarea hasta el punto de no ser necesario el conocimiento de música, pero ahora ya existe algún software que es capaz de crear música clásica por sí mismo, música capaz de provocar emociones.

Y claro, le tenía que tocar el turno a la literatura. También existían ya, hace tiempo, los útiles editores de texto que daban un aspecto profesional a los escritos, además de facilitar enormemente la edición y corrección ortográfica. Últimamente han aparecido los programas de ayuda a la creación literaria, que organizan la información disponible, gestionan tareas, ayudan a la creación y manejo de personajes, escenarios e imágenes de apoyo, permitiendo además el montaje de escenas y capítulos como si de una película se tratase. Y recientemente  –era inevitable–, ha aparecido algún programa capaz de escribir una novela entera a partir de cierta información de entrada. Hay que introducir en él una trama, unos personajes referenciados a los de una novela conocida y un estilo y herramientas narrativas tomados de algún escritor famoso. Y ya está, el “escritor virtual”  se pone en marcha y en tres o cuatro días tiene la novela terminada.

Sobre este desarrollo informático incipiente habrá que ir incorporando nuevas herramientas para provocar emociones, crear tensión entre los personajes, etc., pero ya se ve que subyace en el proyecto la intención de lanzar un nuevo tipo de literatura “fabricada” que acapare un cierto sector, poco exigente, de mercado. La idea tiene el terreno abonado en estos momentos donde lo que se vende al gran público es, sobre todo, género de evasión, libros casi clonados de intriga, terror o sexo más o menos explícito. Es el negocio perfecto para las editoriales, libres entonces de los autores y sus derechos, acortados los tiempos de producción y dispuestas a inundar el mercado con títulos de usar y tirar. Claro que esta tendencia ya ha triunfado desde siempre en manos de autores que escribían en serie novelas policíacas, románticas o del oeste, con tanta facilidad como el que hace churros.

Aunque no informatizada, esta tendencia a la fabricación de literatura está también presente en esos librillos, artículos  o “manuales de autoayuda” que pretenden enseñar a escribir un “best seller”.  Incluso en Estados Unidos –cómo no–, han desarrollado un algoritmo que predice con más de un ochenta por ciento de probabilidad el éxito comercial de un libro. El algoritmo se basa en el análisis estadístico del uso de las palabras y de la gramática, y se ha validado aplicándolo a libros de literatura clásica, coincidiendo los resultados del algoritmo con el éxito de los libros analizados.

En fin, nos queda el consuelo de que tendrán que pasar quizás milenios para conseguir simular la plena creatividad humana, si es que alguna vez se logra. Entonces estaremos en un mundo donde la especie humana habrá dejado de tener sentido y un nuevo ser, biónico, habitará la tierra. ¿Seguirá haciendo falta entonces la literatura?

miércoles, 12 de febrero de 2014

EL ESCRITOR EN SU JAULA

Escribir es para muchos una necesidad vital, y no me refiero a pretender vivir de ello, que también de eso hay mucho aunque dé para poco. Es la misma necesidad o instinto que hace cantar al pájaro en su jaula, aunque nadie le oiga. Se canta y se escribe porque es necesario hacerlo para sentirse feliz. Es escritor el que escribe por estímulos internos, sin más, y a los demás se les podría llamar escribientes.  Se comienza a sentir esa necesidad casi en la infancia o como muy tarde en la adolescencia. Entonces se guardan celosamente los escritos, que suelen ser muy personales, o se enseñan sólo de manera muy privada a familiares y amigos íntimos. En esa edad, la magia de expresar y materializar lo interior satisface por completo.

Cuando el escritor se lanza a publicar sus escritos, ya se ha despertado en él esa otra necesidad de ser reconocido, valorado, de dar el salto de no ser nadie para los demás a ser importante. ¡Ay qué mala edad!, esa de la inseguridad en nuestro propio valor, esa de la necesidad de que otros confirmen que valemos para algo. Y ya estamos en la lucha engendradora de éxitos y fracasos, la lucha interminable hasta el fin de nuestros días. El fracaso nos amenaza siempre, en cualquier momento, en cualquier obra, rebajando nuestra categoría conseguida tras algunos éxitos.

Claro que algunos perseveran en mantenerse jueces de sí mismos, en esa ascesis de la propia realización en solitario, si es que puede llamarse solitario al que nutre su vida con la lectura de otros escritores de calidad y difunde su trabajo entre un grupo de amigos amantes de la literatura. Ésa es una buena referencia, mejor que el éxito comercial al uso. Basta contemplar los miles de libros banales e intrascendentes que tientan al gran público con la  temática de moda. La araña comercial extiende su tela por el medio y son pocos los que se libran de su trampa. Esto bastaría para descalificar el éxito en nuestros días, hasta el punto de afirmar que el escritor que triunfa es porque no tiene calidad, lo mismo que la media del público que le lee. Pero no nos engañemos, hay escritores que consiguen aunar la calidad con la devoción del público, aunque eso, además de escaso, no legitimiza al éxito comercial como referencia.

Luego están aquellos que aún estando seguros literariamente de sí mismos necesitan satisfacer ese impulso poco maduro de la vanidad, del ego. Esos que aman la veneración de los demás: los autores de culto. ¡Cuánto trabajo da ser autor de culto!, estar atento a los numerosos lectores para no defraudar sus anhelos de erigirte en un mito; demasiado trabajo atendiendo entrevistas, conferencias, correspondencia, saludos… Demasiado tiempo que podría haberse dedicado a escribir, a crecer de verdad.  

Al final todo da igual, ser escritor en su jaula o escritor de culto si la historia no te recuerda. Lo único que cuenta será aquello de que nos quiten “lo bailao”. Y cada cual disfruta a su manera, bailando o escribiendo.